Cada vez que estaba a punto de debutar en el fútbol profesional, un muro parecía alzarse delante de Mikel Balenziaga. Ha tenido numerosas oportunidades de dar ese salto, pero a la hora de la verdad todo eran contrariedades.
La primera vez que se vio a un paso del bautizo en una categoría profesional fue el último año de la Real en Primera. Miguel Ángel Lotina le reclutó para entrenar en una docena de ocasiones. De repente, por una sanción de Gerardo, se abrió un hueco. El de Meñaka dudó, pero al final apostó por Carlos Martínez.
Ese verano trajo un premio en forma de consolación. Convocado por España sub'19, participó en la clasificación para el Campeonato de Europa. Alcanzado el objetivo, estaba concentrado en Madrid. La víspera del viaje se rompió el isquiotibial en un entrenamiento. «Fue una faena tremenda, me quedé sin el torneo (que España ganó) y sin pretemporada con la Real, algo que me habían garantizado».
Balenziaga arrancó así el curso 2007-08 en el Sanse. No tuvo que esperar mucho para tener una nueva oportunidad de dar el salto. El Eibar daba por hecha su cesión en diciembre. Todo encajaba. La Real había fichado poco antes en su mismo puesto a Alberto Morgado, por quien pagó 700.000 euros al Alavés. En Ipurúa, en donde los técnicos le consideraban el mejor lateral izquierdo vasco joven, iba a tener minutos. Pero, como en los últimos tiempos, sufrió un chasco en el momento más inoportuno. Iñaki Badiola rechazó la operación. «Para mí ir al Eibar habría sido importante, pero la Real me dijo que no querían que me fuera porque iba a estar cerca del primer equipo».
Cerca si estuvo, pero dentro no. A partir de ese momento realizó todos los entrenamientos con la primera plantilla, pero sin llegar a debutar. Jugador con temple y sensato, Balenziaga no mira hacia atrás como si lo vivido fuera un fiasco. Aguantó el chaparrón y no se dio por ofendido. «Para mí el pasado fue un año muy bueno, porque además de jugar todo a buen nivel con el Sanse (36 de los 38 partidos) entrené desde enero hasta junio con el primer equipo».
Aunque ni a Balenziaga ni a sus compañeros de la Real B les deben un euro, el donostiarra es un club ahogado por las deudas y necesitado de hacer caja. El Real Madrid, según el relato del jugador, fue el primero anunciar su deseo de contratarle. Deseaba incorporarle a su filial. Algunas fuentes sitúan en medio millón de euros la oferta blanca. «Al principio del verano la Real me comentó que el Madrid me quería, que se hablaría con ellos. Pasó el tiempo y no volví a saber nada. Luego me enteré de que la Real no quería que me fuera al Madrid porque contaban conmigo».
El Athletic apareció al final del verano, lo que le permitió negociar con la administración judicial que gestiona la Real, más proclive a los traspasos. El trato fue rapidísimo. «Me enteré el viernes al mediodía. Mi agente me dijo que había una oferta del Athletic, que ya tenía un acuerdo con la Real». El sábado se hizo oficial. «Acepté porque es una magnífica oportunidad para jugar en Primera».
«A dar, no a pedir»
Balenziaga ha llegado con ficha del filial, pero entrena con el primer equipo. Ni siquiera fue convocado para el partido del sábado ante el Ciudad de Santiago. Señal de que Joaquín Caparrós le reserva un sitio en una demarcación que el técnico veía «coja», el lateral izquierdo.
El joven de Zumarraga muestra un saludable respeto hacia sus rivales Casas y Koikili, pero llega con las ideas muy claras. El Athletic le ofrece la oportunidad de dar el gran salto tantas veces frustrado antes. «Tengo ficha del filial, pero es más importante con quien entrene. Yo vengo a dar, no a pedir. Luego ya se verá, pero lo daré todo para debutar con el primer equipo». Y para que nadie le distraiga de su gran obsesión se ha instalado en la residencia de canteranos de Derio. «Allí estoy fenomenal. Lo que quiero es centrarme en el fútbol».
El Correo Digital