La temporada pasada se trataba de conformar un Bilbao Athletic con experiencia, bregado en la categoría, con la intención de luchar por el ascenso a Segunda. A partir de la próxima campaña, según anunció Caparrós el jueves en su comparecencia para valorar el curso que acaba de finalizar, la idea es que el filial esté formado por jugadores "jovencitos, con proyección". En sólo un año, se ha variado por completo la filosofía del segundo equipo. Curioso cambio de estilo o, más bien, curioso viraje en tan sólo nueve meses. Caparrós habló de autocrítica. Es lo que toca después de los resultados del filial esta campaña.
Desde luego, lo más lógico es lo planteado por el técnico de Utrera, lo que siempre ha sido el Bilbao Athletic. Un equipo en el que deben tener cabida los futbolistas con más futuro de la cantera de Lezama y que sirve de rampa de lanzamiento para hacerse un hueco con los mayores. Lo ilógico era lo planteado el verano pasado. Y más, después de haber visto cómo ha discurrido la temporada, en la que el conjunto de Liñero se las ha visto y deseado para salvar la categoría.
Se trata de una vuelta a los orígenes, a la política que a lo largo de la historia ha dado buenos resultados y que nunca se debió abandonar. Si partimos de la base de que la categoría de Segunda B es muy competitiva y cada vez se hace más difícil ascender a la División de Plata -algo generalizado a todos los equipos filiales-, al menos que el Bilbao Athletic sirva para formar a jóvenes promesas que puedan luchar por un puesto en el primer equipo
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