 El Eibar B despidió la campaña en casa con un atracón de goles ante un rival poco serio que no sólo no presentó batalla, sino que tuvo que echar mano de su portero suplente como jugador de campo para seguir con once jugadores sobre el césped debido a que un futbolista del Vitoria se tenía que marchar por motivos laborales. El cuadro alavés ya llevaba un tiempo desahuciado y vino a pasar la mañana. No es que el cuadro eibarrés no tuviera piedad de su rival, es que los goles entraban casi sin querer marcarlos.
Después de retirarse al descanso con 7-0 a su favor, los de Aitor Iturbe se tomaron la segunda mitad como una especie de entrenamiento, porque si no el resultado final podría haber batido récords.
Habría sido mucho mejor contar con un rival más digno para despedir la Liga en casa, pero al menos los jugadores que menos han jugado a lo largo de la campaña, así como algunos integrantes del Urko, tuvieron la opción de afinar su puntería.
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