 Ignacio Camacho es un puntal en la columna vertebral de la selección sub 19. Su experiencia, su colocación en el centro del campo, su personalidad para mandar y su carácter para liarse la manta a la cabeza y subir a rematar el gol decisivo son una inyección de moral en el once de Ginés Meléndez. Sus ídolos no son las figuras habituales. Siempre estuvieron en casa: «Mis hermanos, Juanjo y Borja, han sido el mejor espejo. Juanjo militó en el Zaragoza y ahora está en el Vecindario de Segunda B. Borja, que tuvo un accidente, apuntaba buenas maneras. Jugaba en el Zaragoza. En casa siempre se ha mamado el fútbol. Mi padre, Juanjo, jugó en el Valladolid, en el Calvo Sotelo, en el Aragón... Cuando yo era pequeño te fijabas en Pardeza».Su sueño era militar en el Zaragoza, hasta que el Calderón se cruzó en su camino en julio de 2005: «Sí, cuando jugaba de pequeño mi esperanza era llegar al primer equipo de mi ciudad, el Zaragoza, pero hace justamente tres años me llegó esta oferta de fichar por el Atlético, una ocasión de futuro deportivo y no me lo pensé».
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