 Extraido de La Verdad.es
Estos días acaba de llegar a la plantilla del Albacete Balompié un nuevo futbolista extranjero. Alustiza, procedente del Chacarita de la segunda división argentina, a pesar de que en su equipo, de segunda división, no goza de la titularidad, pero que apunta, según algunos de sus nuevos compañeros, detalles de velocidad y técnica que pueden resultar positivos para un Alba que, en Eibar, cayó la semana pasada sin mucha suerte, quedando por ello en una situación que no es mejor ni peor que la que ostentaba hace una semana.
Deseemos todos que este Alustiza venga a mejorar la capacidad ofensiva de un Alba que tiene la pólvora mojada, a pesar de que el compatriota de Alustiza, Calandria, vino ya con el ánimo de cubrir alguna de las inesperadas salidas, las cuales supusieron sólo parches en las depauperadas arcas del club.
Es tradición que en el fútbol español los que llegan de fuera traen siempre una tarjeta de visita con parabienes, aunque nadie sabe por qué.
Se producen una gran cantidad de casos que vienen a corroborar tal creencia, de ahí que, temporada tras temporada, las plantillas futbolísticas de las ligas principales cargan sus plantillas con futbolistas no españoles que, poco a poco, con su presencia, han ido dejando fuera del negocio a numerosos deportistas nacionales, los cuales vieron de esa forma como se cerraba su futuro en este negocio del balón.
Estos jugadores foráneos acaban alargando su supervivencia deportiva en las competiciones regionales o, simplemente, abandonan el fútbol, sin quedarles más remedio. Así es que, nos llaman la atención en las parcas reseñas de partidos de tercera división, bastantes nombres de profesionales que nos llegaron de fuera para competir en las ligas superiores pero que acabaron apurando una etapa final en los escalones inferiores de nuestro fútbol. Siempre se ha dicho que la vida de un futbolista es muy corta y que la fábula de la cigarra y la hormiga deben aplicársela todos con el fin de que al término de su carrera sean capaces de incorporarse a la vida laboral ordinaria sin grandes traumas ni quebrantos.
Es algo que resulta difícil, porque el dinero abundante y fácil de la etapa dorada de una carrera de futbolista profesional constituye una gran tentación a la que es muy difícil sustraerse, cuando se está en la cresta de la ola y el dinero corre fácil y abundantemente.
No sabemos si los chavales de casa que han sido utilizados con urgencia, habiendo desempeñado su papel con bastante dignidad, van a seguir siendo tenidos en cuenta por el nuevo entrenador, cuando empiece otra competición. Es muy probable que, ante el aluvión de profesionales curtidos y con solera que se están ofreciendo, ahora mismo, a todos los clubes profesionales, procedentes de los equipos europeos y americanos más modestos, la mayoría de estos chavales de casa lo tengan muy difícil.
La globalización total que está experimentando el fútbol profesional en España terminará extinguiendo la peculiar especie del futbolista de cantera. Es por ello, quizá, por lo que los chavales que, en un principio, se inician en el fútbol con toda la ilusión del mundo, cuando ya en edades de juveniles pretenden los clubes imponerles la disciplina y el trabajo duro de la profesionalidad, se marchan tranquilamente, prefiriendo la libertad sin fútbol al duro sacrificio que sólo ofrece promesas.
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