 Cuando dicen que el Real Madrid es sólo glamour; cuando cacarean que el Madrid sólo despliega prepotencia; cuando, en definitiva, el nombre del club blanco se asocia a la opulencia, muchos deberían pasarse por el barrio de La Matanza, donde se encuentra ubicada la Escuela de Integración Social Alfredo Di Stéfano, un proyecto de la Fundación del Real Madrid que acoge a niños desfavorecidos socialmente por medio de su gran pasión, el fútbol y el deporte en general.
La Escuela de Argentina es la más grande de todas las que patrocina la Fundación en Suramérica. En concreto, ésta beneficia a unos 3.000 chicos que, tres veces por semana, acuden a la Escuela para jugar al fútbol, ser controlados por un médico o, simplemente, recibir la educación necesaria.
¿Pero hace esta labor la Fundación en solitario? Evidentemente, no. El Real Madrid se asoció para este proyecto a la llamada Obra del Padre Mario, una institución social con enorme prestigio en Buenos Aires, con más de treinta años de trabajo activo, y que es la encargada de vehicular toda la atención no deportiva (escuela, médicos...) a todos estos niños de la Fundación madridista.
El resultado, en términos sociales, es espectacular: unas 100.000 familias se ven, directa o indirectamente, beneficiadas por la Obra del Padre Mario y, por extensión, por la Fundación del Real Madrid, el brazo deportivo de este bonito proyecto lúdico-social.
“La idea es que el fútbol nos sirva como instrumento de integración social”, nos recalca el Doctor Carlos Garavelli, presidente del proyecto y nexo de unión con el Real Madrid desde la creación de la Escuela en 2003. Se preguntarán qué beneficios futbolísticos obtiene el club con estas Escuelas, que también mantiene en otros países. La respuesta es bien sencilla: en principio, y salvo milagro, ninguno. Es decir, la meta de la Fundación no es crear figuras en ciernes. Para eso ya está la cantera del Real Madrid. La idea es contribuir a un proyecto social digno y devolverle a la sociedad lo que la sociedad le da al Madrid como club.
Nos lo aclara el propio Garavelli así: “La idea es formar con el deporte. Si luego nos sale un Messi o un Gago, un jugador espectacular, ya veríamos qué hacemos, pero en principio tenemos claro que el objetivo es educar, no competir”. La Escuela cuenta con un único campo. Está bien, al menos es de césped, y los chicos pueden disfrutarlo. Balones hay y camisetas también, aunque no son las oficiales del Real Madrid, pues, por ahora, el club no puede abastecer a las Escuelas con material.
Pero ya tener esas condiciones es un privilegio en una zona, La Matanza, que viene a ser de las más pobres de Buenos Aires.
Mientras llegábamos en coche al lugar, pasando por calles no asfaltadas y viendo mucha probreza, Garavelli nos lanzó algunos datos que nos impresionan desde nuestro cómodo status social en España.
400 euros al mes
En La Matanza cohabitan 1.200.000 personas de un estrato social bajo o muy bajo. En González Catán, el sub-barrio donde está enclavada la Escuela, hay 300.000 habitantes. El desempleo en esta zona alcanza el 40% y una familia media, con tres o cuatro niños, se mantiene apenas con 400 euros al mes, como mucho.
Son datos que no dejan de ser comunes en algunas partes de Suramérica y que dimensionan aún más la labor de la Fundación y de la Obra del Padre Mario. Más todavía: la desnutrición escolar en el área es del 15%, el 45% de los habitantes están bajo el índice de la pobreza y el 17% directamente se mantiene en la indigencia. El ratio de computadoras por habitantes es de una por cada mil personas. Internet casi no existe y la ilusión de los chicos, como se podrán imaginar, se centra casi exclusivamente en el balón. No por nada, en Argentina, y en Suramérica en general, los jugadores salen como churros de estas villas. Con Maradona como paradigma, claro.
Pese a esta situación social y familiar que sufren, los chavales están lejos de ser problemáticos, como nos comenta Fabián, un entrenador que lleva veinte años enseñando a los chicos: “Se integran bien, nunca hay problemas con ellos y están entusiasmados con llevar el escudo del Real Madrid en el pecho”. Ya saben, cuando vuelvan a hablar de prepotencia y el Real, dense una vuelta por esta Escuela de Buenos Aires. Vendrán curados.
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