 El Espanyol dio un giro en su fútbol base en la temporada 1999-2000. El coordinador del área, Manel Casanova, contrató entonces a Juan Luis Martínez, un valenciano licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y doctorado en Fisiología. Este especialista, a quien Javier González había incluido en su plancha en las últimas elecciones del Athletic para desarrollar su proyecto en Lezama, creó a su llegada al club blanquiazul el denominado Departamento de Planificación e Investigación (DPI). Su principal objetivo es realizar una valoración pormenorizada de los canteranos (a partir del Cadete) y, por supuesto, de los futbolistas del primer equipo para intentar optimizar su rendimiento.
Martínez está convencido de que el fútbol moderno necesita invertir «en el conocimiento, investigación y desarrollo» de todos los elementos que incidan en el comportamiento de los jugadores en los entrenamientos y en los partidos. «Si analizamos la competición nos damos cuenta de que existen una serie de variables que un jugador necesita para alcanzar el alto rendimiento», explica en su despacho de la ciudad deportiva. Los responsables del DPI han creado cuatro vectores para hacer un seguimiento de la progresión de los futbolistas: técnico-táctico, físico, psicológico y formación integral. Con esta información, los entrenadores disponen de una herramienta «muy valiosa» para potenciar los aspectos positivos de las promesas y corregir los negativos.
Según este investigador, la principal meta de los equipos de la cantera del Espanyol no debe ser la consecución de títulos, aunque ello sea importante, sino la formación de futbolistas «inteligentes» para cada puesto que puedan llegar a la primera plantilla. Las transformaciones físicas, psíquicas y biológicas de los niños y adolescentes en su proceso de aprendizaje requieren, además, de una atención individualizada. «Cada chaval es distinto y, por ello, la rigidez en los métodos no lleva a ninguna parte». Y, por supuesto, no hay que olvidar nunca que son menores. «Los niños -advierte Martínez- no son adultos en miniatura. Están creciendo y su organismo sufre un gran número de cambios. Hay que controlar, no sólo las cargas físicas de los entrenamientos, sino también las competitivas (partidos)».
Los 'claustros'
Conocer la evolución de los jugadores es por tanto el trabajo más importante del DPI. Cada cierto tiempo los responsables del fútbol base convocan un 'claustro' para elaborar un diagnóstico de los futbolistas. Asisten los encargados de todas las áreas de rendimiento, el coordinador de la cantera, los miembros del DPI y los entrenadores. Con todos los datos encima de la mesa, los especialistas redactan una ficha individualizada de los futbolistas y diseñan trabajos complementarios o compensatorios para aquellos que los necesiten. También se establece el máximo número de minutos que podrán disputar los equipos en cada categoría. «Si acudiéramos a todos los torneos que nos invitan al margen de la Liga la carga competitiva sería excesiva», dice Martínez.
El trabajo de los psicólogos es otra de las patas que sustentan el éxito del caladero 'periquito'. Hay dos profesionales que hablan con asiduidad con los chavales para conocer sus problemas y, en el caso de los que no son catalanes, para favorecer su integración. También ayudan con medidas de motivación a los canteranos que han sufrido una lesión grave y, además, proporcionan mecanismos de autocontrol a quienes se vienen abajo en las competiciones de alto nivel. «Tienen que aprender a superar el miedo escénico», explica el fisiólogo.
Los dirigentes del fútbol base también tratan de fomentar el diálogo con los padres, a los que mantienen informados de la progresión de sus hijos. «Eso sí -apunta Martínez-, a principio de temporada les dejamos claro que tienen que ser eso, sólo padres».
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