 Hay futbolistas diferentes. Que se crían en la calle y en su juego se ven cosas que no se aprenden en las escuelas de fútbol. Raúl o Maradona son algunos ejemplos. Dani Parejo es uno más de esa estirpe de hombres diferentes. “Dos árboles marcaban la portería en la que jugábamos desde los seis años. He pasado mi infancia en el parque de debajo de mi casa. ¡Algún pelotazo se ha llevado algún coche! Nunca olvidaré esos años. Es donde me curtí. Cuando te caías en el cemento, te rompías los pantalones… Para nosotros la arena del parque era como jugar en césped natural”. A escasos 30 metros de la puerta de su casa en la localidad madrileña de Coslada está el parque donde Dani se hizo futbolista.
“El parque ha cambiado mucho. Jugábamos niños de 7 hasta 16 años. Jugábamos al gol regañado. Nos juntábamos hasta 20 chicos. Y siguen siendo mis amigos, no los he cambiado. Les tengo un cariño especial. No me quiero mover de aquí y aunque me vaya algún día de este barrio, siempre mantendré la relación”. Un ejemplo de humildad. De personal que la fama no le ha cambiado. Sigue siendo el mismo, sigue siendo Dani para sus amigos. “Bajábamos desde las cinco de la tarde y nos tirábamos horas dando patadas. Los amigos, la familia y las costumbres no se deben perder y yo no lo voy a hacer”.
Sus comienzos fueron en el equipo de su barrio, donde pasó al de su ciudad: “En Coslada empecé como futbolista. Jugaba en el Espinilla, un equipo de barrio donde di mis primeras patadas. Hice las pruebas para el Coslada y allí pasé siete años. Me hice futbolista. Al Real Madrid me fui en el Cadete A. Siempre me trataron muy bien y tengo mucho cariño a toda la gente con la que coincidí. Les intento venir a ver siempre que puedo”.
Desde sus comienzos y hasta ahora, su familia ha sido un apoyo fundamental para llegar a ser lo que es hoy. “Mi padre ha sido muy importante para mí. Me ha ayudado desde que empecé. Mi abuela no se ha perdido ningún partido. Como mi madre o mi tía. A mi familia le debo todo lo que soy en el fútbol. Mi padre me da muchos consejos y me anima”. Una familia que no sólo le apoya sino que no se pierde ni un solo partido. Sus padres, su hermana o sus primos son habituales del Estadio Alfredo Di Stéfano.
Su llega al Real Madrid se produjo cuando Parejo era cadete. Un sueño para él. Pero aunque suene a tópico, fútbol es fútbol. En el Bernabéu y en un pequeño parque de Coslada. “El Real Madrid es el club más grande del mundo y no se puede comparar con nada. El cambio es increíble. De jugar en cemento a hacerlo en el Real Madrid. Al fin y al cabo, el fútbol es igual con los amigos que hacerlo con profesionales”. Su ascenso a partir de ahí ha sido meteórico desde que ingresó en la disciplina blanca: “Empecé en el juvenil, a los tres meses pasé al equipo de Tercera y ese mismo año terminé la temporada con el Castilla. Y en julio ganamos el Europeo Sub-19. Es lo máximo que he conseguido en mi carrera y quiero repetir este verano. Espero que para entonces hayamos subido a Segunda División”.
Ejemplo de humildad, Dani Parejo es una de las jóvenes promesas que se crían en las categorías inferiores del Real Madrid. Cuando juega, lo hace como si del parque de su barrio se tratara. Fútbol de calle. Fútbol en estado puro. Fútbol es Dani Parejo.
Cinco penaltis para Dani Parejo
¿Un sueño?: Jugar en el primer equipo del Real Madrid
¿El mejor momento de tu carrera?: El Europeo que ganamos.
¿El peor momento de tu carrera?: Una lesión que tuve en la mano y me hizo estar parado tres meses.
¿Tu ídolo?: Maradona.
¿De no haber sido futbolista?: Periodista.
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